divendres, de desembre 03, 2010

Ideas progresistas para salir de la crisis

Intervenció al debat organitzat entre la Fundació Rafael Campalans i la Fundación Ideas, el 3 de novembre de 2010, amb Miquel Iceta i Jesús Caldera.


“La crisis no va a ser ni breve ni leve” nos decía el President Montilla hace ya dos años en el debate de política general del Parlament de Catalunya. Estábamos a finales de septiembre de 2008 y hacía pocos días que Lehman Brothers había colapsado y estalló el pánico en los mercados financieros internacionales.

Dos años después del inicio de la crisis internacional, las víctimas son muchas y, en un nuestro país, aún no se atisban las salidas de la crisis. Esta va a ser, y está siendo ya, una crisis larga y dura. Nos espera una década difícil. Los próximos 10 años van a ser años complicados. Como dicen algunos agoreros, esta crisis puede llevarse por delante a este gobierno y al próximo.

Va a ser esto realmente así. Pues hombre, depende. Depende de qué? De si somos capaces de hablar claro y llamar a las cosas por su nombre, sin eufemismos. Si somos capaces de no escondernos ante la adversidad, para afrontarla de cara. Si somos capaces de decir la verdad a los ciudadanos. Si somos capaces de elaborar un relato de la crisis des de la izquierda. Un relato basado en la cultura del trabajo y del esfuerzo.

Aquí no se regala nada. Aunque hay una generación que ha crecido, que hemos crecido, pensando que en España “lligàvem els gossos amb llonganisses”. Durante 10 años vivimos por encima de nuestras posibilidades, y esto hay que decirlo. Todos. No sólo las grandes empresas, y las constructoras que se apalancaban hasta límites insostenibles. También las familias vivieron por encimas de sus posibilidades. Se endeudaron excesivamente.

Recuerdo a menudo un programa que hacían en la Sexta hace un par de años y que se llamaba “Ajuste de cuentas”, no sé si lo habían visto alguna vez. Había ejemplos de familias de trabajadores que se habían comprado una pareada o hasta un chalet, un par de coches, y que tenían varios créditos personales para financiarlo todo. Llegaba un día en que la situación se hacía insostenible, y era entonces cuando pedían ayuda. Y el asesor económico les mostraba el desajuste enorme que tenían entre ingresos y gastos mensuales, y les hacía estrechar el cinturón. Con grandes sacrificios de unos progenitores que tenían un agujero en la mano, y de unos hijos que no valoraban lo que costaba ganar el dinero que gastaban sin control.

Decir esto, es hacer un discurso de izquierdas. Es hablar de las familias trabajadoras que se creyeron que eran clase media y ahora han descubierto que siguen siendo trabajadores. Es hablar de los chavales de 16 años que se pusieron a trabajar sin terminar la ESO pero ganando buenos sueldos, trabajando en el sector de la construcción. Es hablar del paleta o el electricista que montó su pequeña empresa contratando a un par de trabajadores de origen inmigrante. Es hablar de la realidad de este país en los últimos 10 años. Sólo así entenderemos porqué hay una parte de nuestra base social que se pasó al Partido Popular. Y sólo así entenderemos por qué hoy es tan difícil recuperarla.

Hay que hablar de lo que pasó los últimos diez años para hacer un discurso coherente sobre el futuro. No conseguiremos el apoyo social necesario a las reformas sino definimos bien primero los problemas a los que queremos dar solución.

Hay que definir los problemas para que los ciudadanos puedan compartir las soluciones que proponemos.

Un buen ejemplo de ello es el crecimiento demográfico de la última década. Tendríamos que haber explicado el riesgo que había de quiebra social si no invertíamos como hemos invertido en los servicios públicos, para que los ciudadanos valoraran esta inversión. Hemos parado el golpe. Y hoy la convivencia en España es una realidad gracias a la inversión hecha en políticas de bienestar. Porque nosotros seguimos siendo el partido del bienestar y la convivencia, no lo olvidemos.

En cualquier caso, esta crisis no se va a resolver en dos días. Ni en dos años. Cambiará la tendencia, evidentemente, como ya está empezando a pasar, pero tardaremos años en recuperar el crecimiento anterior. Y en volver a dar trabajo a los más de 20 millones de trabajadores en activo que hay en España.

Como nos decía hace unos meses el catedrático de Economía Josep Oliver, en una reunión para la elaboración del Programa Marco del PSC, estamos pasando de “una década prodigiosa a una década severa”. Pasamos de una fuerza laboral de 12 millones de personas, prácticamente inalterable durante 30 años, a una fuerza laboral de más de 20 millones. En Catalunya pasamos de 2.2 millones a 3.6 millones de puestos de trabajo. Una barbaridad. Crecimos gracias al uso intensivo de mano de obra. El 40% de crecimiento del PIB entre 2000 y 2008 se puede atribuir a la inmigración. De manual del siglo XIX, vamos.

Entre 1998 y 2007 la deuda de las empresas pasó de 50.000 a 500.000 millones de euros, y el de las familias de 200.000 a 800.000 millones de euros. Otra barbaridad. Del 70% del PIB al 140%. Subió la deuda y cayó el ahorro. Crecimos gracias a la deuda, además del salto demográfico. Y esto hay que explicarlo para poder hablar ahora de un nuevo modelo de crecimiento. Hablar de todo esto es de izquierdas. No hacerlo es aplicar la política del avestruz.

Pasaran años para recuperar los puestos de trabajo de 2007. Creando 40 mil puestos de trabajo anuales Catalunya (que es mucho), tardaremos 10 años en recuperar la ocupación de 2007. Lo bueno, es que tenemos una demografía bastante joven.

El problema es que el país no es consciente de lo que nos espera. Nos esperan 10 años difíciles. Y esto lo tenemos que decir, nos lo tenemos que decir. Y para salir de esta crisis deberemos recuperar la ética del esfuerzo, del trabajo, del ahorro… y una cultura de la inversión, la innovación y la formación. Este debe ser nuestro discurso.

Un discurso claramente de izquierdas. El discurso de una izquierda no roja, que dice Torres Mora, una izquierda que hunde sus raíces en los valores del trabajo y no en los valores postmaterialistas.

Para ello, hay que mirar hacia atrás también. Y recordar los Pactos de la Moncloa de 1977, donde todos los partidos jugamos un papel fundamental para salir de aquella crisis. Hay que recordar también el discurso del entonces ministro Enrique Fuentes Quintana, que decía que “la política tenía que hacer políticamente posible lo que era económicamente necesario”.

La pregunta es: ¿estamos en condiciones de hacerlo? ¿Podemos? ¿Podemos mirar a la cara de la gente, de nuestros votantes, y decirles: estamos haciendo las reformas necesarias e imprescindibles para mejorar las condiciones de vida en el futuro?

Nos enfrentamos a una situación con pocos precedentes y debemos retomar la bandera de las reformas. La izquierda será reformista o no será. Como reivindica la diputada Rocío Martínez-Sampere, en un artículo reciente en un libro de la fundación que lleva por título “Reformas más allá de los tópicos”.

Tenemos muchos tópicos en relación a las reformas económicas. Y lo tópicos, como nos recordaba hace unas semanas Montserrat Tura, son lo contrario de la verdad. Porque a menudo, lo contrario de la verdad no es la mentira, sino los tópicos. Y hay que luchar contra estos tópicos.

Pero para ellos tenemos que superar nuestros propios tópicos, y no tener miedo a emprender las reformas necesarias. Ante todo la reforma del papel del Estado, la reforma de los servicios públicos. Tenemos que reformar el Estado del Bienestar no sólo para hacerlo viable, (las reformas económicamente necesarias de las que hablábamos antes) sino para que sea coherente con nuestros principios y responda a nuestros valores. Pero sin dogmatismos.

Un buen ejemplo es el debate sobre la prestación de servicios. Desde la izquierda debemos garantizar derechos pero debemos ser flexibles en su provisión. No siempre podremos garantizar derechos con servicios prestados al 100% por la iniciativa pública. Y para ello sirve la concertación. Para garantizar derechos para todos de forma flexible. Esto es, también, hacer un discurso de izquierdas. Gestionar de forma eficiente los recursos existentes en nuestro país, sean públicos o privados.

Y para llevar a cabo estas reformas tendremos que pedir sacrificios, evidentemente, como ya estamos haciendo, pero antes hay que explicar porqué pedimos estos sacrificios. Si no definimos la magnitud de la crisis, si no explicamos que vivimos durante unos años por encima de nuestras posibilidades, el ciudadano no puede entender, ni aceptar, las soluciones que implican sacrificios. La gente está dispuesta a aceptar sacrificios cuando sabe que el objetivo lo merece, y que los sacrificios están bien repartidos, como nos recuerda Antoni Castells, también en el libro de las Reformas que ya he comentado. Hay que saber explicar hacia dónde vamos. Cuál es el puerto de llegada.

Para ello, para apostar por un nuevo reformismo, la izquierda debe evitar la tentación conservadora, como nos decía hace unos meses el President Montilla. No podemos sólo aspirar a conservar los derechos obtenidos, hay que apostar por las reformas para hacerlos viables en el futuro. Pero esto requiere una determinada actitud que destierre para siempre de la izquierda algunos vicios demasiado arraigados, que nos han hecho mucho daño, como la arrogancia, derivada de una falsa creencia sobre una supuesta superioridad moral; el purismo, que nos condena a la inacción; o el pesimismo, q nos paraliza para ganar el futuro.

Tenemos que estar dispuestos a actuar con humildad, a mantenernos siempre con un espíritu crítico que nos permita avanzar, a la vez que mantenemos el pragmatismo necesario para actuar y el optimismo de la voluntad para superar las dificultades.

Esta debería ser nuestra actitud para superar la crisis. Una actitud exigente, para transmitir a los ciudadanos la necesidad de primar, como sociedad, el trabajo y el esfuerzo, para salir adelante.