dimecres, de febrer 21, 2007

Una nova identitat-projecte per Barcelona

Avui el diari El Pais em publica aquest article sobre la necessitat de construir un nova identitat-projecte per Barcelona en base a les noves realitats socials.


Una identidad-proyecto para Barcelona

ALBERT AIXALÀ I BLANCH 21/02/2007

Desde hace unos años Barcelona está en un proceso de renovación de su proyecto de ciudad. Un proyecto que dé un nuevo sentido a la política municipal y al eficiente trabajo del equipo de gobierno. Un proyecto que no sólo sea de ciudad, sino para la ciudad y para sus ciudadanos. Un proyecto próximo y ambicioso a la vez, global y local.

Un proyecto que debe dar respuestas a una ciudad que ha cambiado mucho en muy poco tiempo. Tanto que, como apuntaba hace unas semanas Jordi Borja (EL PAÍS, 31 de enero), algunos ciudadanos empiezan a sentir un cierto desapego hacia su ciudad. Una sensación que en ocasiones deriva hacia una sentimiento de pérdida, como el que brillantemente narró Josep Maria Benet i Jornet en su última puesta en escena, Salamandra.
Con todo, la ciudad está más viva que nunca. Una ciudad que batega, como dice el Ayuntamiento. Una ciudad donde conviven, junto a los barceloneses de toda la vida, más de 260.000 residentes extranjeros, comunitarios y no comunitarios, y unos cuantos millones de turistas que nos visitan durante todos los meses del año. ¿Cómo resolver entonces, la ecuación? ¿Cómo evitar que algunos sientan que están perdiendo la ciudad, y otros crean que la ciudad no los integra?

En primer lugar, asumiendo la nueva realidad. No podemos seguir siendo lo mismo que éramos hace 10 años porque no somos los mismos. Barcelona, como el resto de ciudades de este país, debe repensarse, y crear un orgullo de ciudad sobre cimientos nuevos. Toda política no sólo debe ser ambiciosa, sino tener un profundo anclaje en la realidad, de modo que hay que reconocer que hoy las recetas de los años ochenta y noventa ya no nos sirven. Ha llegado el momento de construir una nueva identidad ciudadana, una identidad-proyecto, como la definiría el sociólogo Manuel Castells.

Castells acuñó este concepto hace ya más de 10 años como respuesta a la identidad de resistencia característica de muchos movimientos sociales, culturales y religiosos de muy diversa índole. Identidades de resistencia construidas, de forma excluyente y no inclusiva, en base a elementos culturales o religiosos. Ante el peligro de generalización de estas identidades de resistencia, en el marco de sociedades con una creciente diversidad cultural, étnica y religiosa, Castells proponía la creación de identidades-proyecto.

Hoy, en Barcelona, como en otras grandes ciudades, tenemos el riesgo de que surjan estas identidades de resistencia. Un riesgo que es necesario combatir no sólo con políticas sociales ambiciosas, sino también con políticas culturales integradoras. Y para ello necesitamos empezar a hablar abiertamente de los cambios permanentes que nos traen estos nuevos 260.000 ciudadanos de Barcelona. Y empezar a dar a la identidad (sea nacional, lingüística, cultural o religiosa) la importancia que tiene en las sociedades actuales, caracterizadas por la diversidad. Debemos entender que no habrá integración si no hay reconocimiento de la diversidad cultural, pero también religiosa: diversidad de espacios de culto, y diversidad de manifestaciones religiosas en el espacio público.

Para gestionar esta realidad, en Barcelona ha llegado la hora de construir un nuevo proyecto de ciudad. De dotar a todos los barceloneses, sea cual sea su origen, de una identidad-proyecto, "aquella que se construye en la práctica cuando una colectividad se moviliza en torno a un proyecto compartido", en palabras de Manuel Castells. Sin esta identidad compartida, sin este proyecto común, no hay política más allá de las políticas.

Éste es el gran reto del alcalde Jordi Hereu: dar sentido a la nueva realidad ciudadana, escribir el relato que nos identifique con la ciudad. Y para ello debe contar con una nueva generación, la suya, la de los que nacieron en los años sesenta y setenta, capaz ya de pensar la Barcelona que quiere dejar a sus hijos en el año 2020. Pero contando también con los nuevos barceloneses, porque la futura clase media de Barcelona y las clases populares que seguirán dando vida a esta ciudad están ahí, entre los que hace poco que han llegado. Ellos son parte fundamental de esta identidad-proyecto que debe ser Barcelona, y no los podemos perder. Tenemos una gran oportunidad y no la podemos desaprovechar.

Albert Aixalà i Blanch es director de la Fundació Rafael Campalans.

divendres, de febrer 09, 2007

Canviar i dirigir els canvis

L'article d'avui a El Pais del nostre viceprimer secretari és de lectura obligada. En primer lloc, perquè assenyala les mancances: "la política de sentit", de la què parla en Raimon Obiols, la "manca de relat" que diem altres, un relat que unifiqui i ens identifiqui, un relat que doni sentit a la gestió, un projecte -en definitiva- que ens doni identitat. En segon lloc, perquè apunta les solucions: més participació i més debat. Hem d'escriure més, hem de debatre més, per millorar el projecte. I en tercer lloc, perquè no perd de vista l'objectiu final: un partit capaç de tranformar la realitat i de governar els propis canvis, de canviar al ritme de la societat per tal de dirigir els canvis polítics, econòmics i socials.

'Escudella barrejada'
MIQUEL ICETA 09/02/2007

El penúltimo día de enero Josep Ramoneda publicaba un artículo en EL PAÍS en el que utilizaba la metáfora de una "sopa fría" para referirse a la imagen que proyecta el Gobierno de Entesa sobre la ciudadanía. La cosa venía a cuento pues, según nos refería el propio Ramoneda, en un encuentro reciente con el presidente José Montilla, la tardanza en empezar a cenar enfrió la sopa. Admitía Josep que tras una etapa de la que salimos todos muy escaldados bien se agradecía una sopa fría, aun advirtiéndonos de que tarde o temprano hará falta algo más caliente.

Supongo que también podemos achacar a una política fría alguna responsabilidad sobre la elevada abstención electoral en las pasadas elecciones al Parlament. Lejos de culpabilizar a los y las abstencionistas, conviene reflexionar sobre las causas de la abstención. No tanto sobre la ínfima abstención técnica ni sobre el libérrimo afán de abstenerse, sino sobre aquellas causas que han alejado a gentes diversas de la participación política por falta de motivación suficiente, pero que podrían volver a votar en el futuro si se les diesen motivos suficientes para hacerlo. Y para ello la sopa no sólo debe estar caliente, sino que debe mejorar su sabor y adaptarse a nuevos gustos. Porque, en efecto, los problemas de las sopas no son sólo los relativos a la temperatura a la que se consumen. A veces les falta sal, en otras ocasiones les sobra. A veces echa uno de menos algunos tropezones, crujientes picatostes o el placer de degustar texturas distintas en lugar de consumir purés de sabor indeterminado.

En Cataluña tenemos grandes tradiciones de sopa. Mi favorita es la escudella barrejada. Buen caldo, pero con verduras y carnes bien visibles y comestibles. Cada tropezón con su personalidad, con su sabor, con su textura. Juntos, revueltos, aportando todos su parte nutritiva a la sopa, pero sabiendo qué se come y decidiendo incluso en qué orden. Hasta el punto de poder renunciar a masticar la gallina o la acelga aun aceptando, de buen gusto, su aportación al conjunto. Partiendo, claro está, de un buen caldo, fundamento imprescindible de una buena sopa.
Coincido con Raimon Obiols en que una buena política es una "política de sentido"; es decir, una política que proporcione una lógica explicativa a lo que se hace, que señale un objetivo que alcanzar y dibuje un camino de reformas para conseguirlo. Creo, en efecto, que la desafección política se combate con más política, con mejor política, huyendo de discursos huecos y de actitudes más propias del avestruz que esconde la cabeza ante contratiempos, novedades o acontecimientos inesperados.

Debemos reconocer que los partidos políticos tienden a veces al puré indeterminado. Intentando gustar a todo el mundo, producen en algunos momentos mezclas insípidas y uniformes en las que es difícil encontrar el gusto de lo auténtico y lo diverso, como también es cierto que en determinados momentos se producen sonadas excepciones. Las primarias del PSOE sobre el candidato a la presidencia del Gobierno que ganó Josep Borrell representaron el momento más estimulante y más dinámico en la vida partidaria del conjunto de las fuerzas políticas en los últimos 10 años. Lo hemos vuelto a ver ahora con el proceso de primarias para la elección de Ségolène Royal como candidata de los socialistas franceses y el amplio debate participativo que ha abierto. De estas y otras experiencias concretas se deduce una conclusión rotunda: más participación y más debate político favorecen la conexión entre la política y la ciudadanía y reconcilian a los electores con los partidos.

El puré uniformador de la política hueca ha desorientado también a veces a la izquierda, pues cuando ésta se limita a una mera gestión administrativa, abandona la tarea de gobernar en el sentido profundo de la expresión y se aleja de la energía que la alimenta: utopía, debate y participación. Esos son los ingredientes de una política caliente. Ulrick Beck, en su defensa de una "izquierda cosmopolita", dice que "la izquierda que vive encerrada en su ciudadela", sea desde el proteccionismo del Estado o desde su réplica reformadora liberal, no ha comprendido que "la renuncia abierta a la utopía es un cheque en blanco al abandono de la política por parte de la propia política. Sólo quien es capaz de entusiasmarse gana apoyos y conquista el poder". Y de eso se trata, de vertebrar una mayoría social para impulsar reformas que, guiadas por los valores que inspiran nuestro proyecto, sirvan para construir una sociedad más justa.

El PSC ha desarrollado desde 1978 un proyecto exitoso. No sólo consiguió la unidad socialista, sino que se convirtió en el primer partido catalán de izquierdas. Y lo hizo precisamente partiendo de unos principios meridianamente claros: unidad civil, atajando de raíz los intentos de dividir a los catalanes en función de su lugar de nacimiento o lengua materna; catalanismo, federalismo y justicia social. El presidente Montilla, al proponer un ambicioso programa de catalanismo social, no ha hecho sino actualizar y abrir al futuro el proyecto fundacional del PSC. El acierto de nuestras propuestas nos hizo mayoritarios a escala municipal y ha acabado por llevarnos a ser la fuerza mayoritaria del Gobierno de Cataluña en las dos últimas legislaturas. Nuestro proyecto federal ha supuesto un impulso decisivo al autogobierno de Cataluña en las determinantes citas de la Constitución de 1978, el Estatut de 1979 y el Estatut de 2006, y ha sido una contribución fundamental a las etapas de gobierno progresista en España en los periodos 1982-1996 y de 2004 hasta hoy. La permanente vigencia del proyecto del PSC ha requerido un esfuerzo constante de renovación. Si se reflexiona sobre nuestra reciente evolución electoral, ese esfuerzo de renovación debe mantenerse e incrementarse pues en democracia los proyectos políticos no viven de la sopa boba.

Los socialistas catalanes estamos comprometidos a reflexionar a fondo sobre nuestro proyecto, nuestras propuestas, y también sobre la necesidad de ampliarlo a más gente, a nuevos protagonistas. Se trata de modernizar nuestro discurso, agenda y lenguaje. De repensar nuestro relato político, que ha de ser capaz de proporcionar claves para entender lo que pasa, para señalar los objetivos sociales que queremos alcanzar y las reformas necesarias para conseguirlos. Un relato inteligible capaz de proponer un horizonte ilusionante. Se trata de hablar de nuestra organización, de hacerla más abierta, más acogedora, más participativa, más eficaz. De reflexionar sobre nuestros instrumentos para hacer política, sobre cómo mejorar nuestra capacidad para conectar con la sociedad, con el electorado socialista más tradicional -atendiendo también a su evolución-, con los jóvenes y con los sectores más dinámicos. No se trata sólo de "caras nuevas". Se trata de practicar una política de proximidad, capaz de escuchar, entender y atender la evolución de la sociedad. Capaz de impulsar el progreso económico, la justicia social, la libertad y la responsabilidad individual, la paridad y la sostenibilidad. Consciente de que gobernar no es sólo administrar o gestionar. Capaz de gobernar para cambiar las cosas y de gobernar los cambios. Capaz de ganar elecciones, pero también de ganar la batalla de las ideas, el combate cultural, capaz de movilizar amplias mayorías ciudadanas para impulsar reformas a fondo.

Debemos acertar en los temas que tienen que centrar la agenda política, los de las preocupaciones ciudadanas, pero debemos ser capaces también de anticipar los problemas de un futuro que ya está aquí. Tenemos que desarrollar una política que, tejiendo una amplia complicidad social, aborde con valentía los retos calientes a los que nos enfrentamos: precariedad social, calidad del empleo, inmigración, vivienda, emancipación juvenil, calidad de los servicios públicos, fractura digital, demografía, competitividad en el mercado global, innovación tecnológica y formación.

Sólo quien es capaz de cambiar será capaz de dirigir los cambios. Por ello debemos actualizar y renovar el proyecto que nos ha hecho llegar hasta aquí, el proyecto que nos ha hecho mayoritarios y, sobre todo, útiles a la sociedad catalana, a los trabajadores y a las clases populares de este país. Estoy convencido de que somos capaces de hacerlo y de que así, sólo así, no se enfriará la sopa.

Miquel Iceta Llorens es viceprimer secretario y portavoz del PSC.

diumenge, de febrer 04, 2007

Una idea actual de España

Dijous el president del govern d'Espanya va fer un interessant discurs sobre la seva idea d'Espanya en l'acte de celebració dels primers 100 números de la revista "La aventura de la historia". El Pedro J. a El Mundo en parla i reprodueix també el seu discurs durant aquell acte. Resulta imprescindible llegir-lo en la mesura que fa la seva pròpia interpretació d'allò que apropa i allunya als president Rodríguez Zapatero i Aznar en el seu intent d'acabar amb el terrorisme. Però també per la reflexió que fa sobre l'imperi austro-hongarès i els perills que tindria per a Espanya seguir aquell model.

El president Zapatero va contestar i ho va fer molt bé. Parlant no de manera etèrea sobre l'Espanya plural sinó refent un discurs més sòlid sobre les virtuts de l'autonomia política per a totes les comunitats autònomes d'Espanya. Ara bé, es troba a faltar una idea sobre la nació més enllà de la nació de ciutadans. Una nació plural que es defineixi com a nació de nacions (el Pedro J. en va parlar i en canvi el Presiden del Govern no ho va fer). Una nació que inclou i incorpora diverses comunitats nacionals.

Però no la defineix perquè sap perfectament que aquesta idea de nació no només no és majoritària sinó que no és acceptada per amplis sectors de l'opinió, tampoc de l'esquerra. I així com la idea d'Espanya cohesiona la dreta i unifica a liberals i conservadors, a la dreta amb el centre, a valencians i andalusos; la idea de "nació de ciutadans" cohesiona l'esquerra, ja sigui liberal o socialista, catalana o madrilenya.

divendres, de febrer 02, 2007

Despropòsits i irresponsabilitats

Cada vegada es fa més evident que la responsabilitat no és un valor social. Ningú vol ser responsable ni responsabilitzar-se de res. Pocs volen assumir responsabilitats, de la mena que sigui. Molts intenten el·ludir-les a qualsevol preu. Sempre n'hi ha un altre de responsable, o fins i tot culpable, dels nostre mals, o dels mals del món.

En les darreres setmanes hem viscut el súmmum de la irresponsabilitat mediàtica en el cas del senyor Carles Veiret, propietari d'un pis al carrer Urgell de Barcelona. Tots el mitjans suposadament seriosos de la ciutat i del país, des de Televisió de Catalunya a La Vanguardia, ens van fer creure que algú havia llogat un pis que no era seu a uns tercers i que hi havia una persona que s'havia quedat vivint al carrer i sense poder accedir a casa seva. Hi va haver entrevistes i reportatges, fòrums d'opinió oberts, declaracions fins i tot del govern dient que agilitzarien la resolució d'aquests casos... i després resulta que el suposat home que es quedava al carrer era propietari (o co-propietari) de tot l'edifici, i que els suposats okupes havien sigut anteriorment llogaters.

Ara, durant un parell de setmanes no s'ha parlat de res més i la farsa s'ha convertit en realitat mediática televisada (vigili que potser se'n va de vacances i quan torni es troba el pis ocupat!). De fet, l'advocat del senyor Veiret ho va dir obertament abans d'ahir davant de les càmeres. I llavors, quan aquest senyor ja ha aconseguit el seu objectiu (fer fora als antics llogaters que no devien voler marxar perquè potser els hi havien dit de paraula que hi podien estar més temps), ara sabem que tot plegat ha sigut un muntatge. Ara bé, ningú demanarà disculpes per res i el propi Antoni Bassas va enllestir el tema amb una frase "sembla que tot l'edifici era propietat de la família Veiret i que la seva cunyada havia estat cobrant un lloguer pel pis". I va passar a una altra notícia. I l'alarma social creada? I la irresponsabilitat dels mitjans de comunicació? I la incapacitat de l'administració de justícia per fer saber abans que la situació no era com l'explicava el senyor Veiret?

Però, és clar, ningú demanarà explicacions a ningú, ni tant sols al senyor Veiret, que tot solet ha creat un problema social per a resoldre un problema domèstic i familiar. Senzillament, una vergonya!