dilluns, de juliol 18, 2016

¿Podemos ha ampliado su espacio electoral desde 2014?

Artículo publicado en Agenda Pública el 1 de julio de 2016

Podemos irrumpió en la arena electoral en las elecciones europeas de 2014 con 1.245.000 votos, un 7.97% de los sufragios. Su aparición propició un terremoto político, pero en esas mismas elecciones, Izquierda Unida -con Iniciativa per Catalunya Verds- obtuvo 1.562.000, prácticamente un 10% de los sufragios y la candidatura “Primavera Europea”, que reunía a Compromís y Equo, consiguió el 1.91%. En total, entre las tres candidaturas llegaron al 19.87% de los votos. En las elecciones del 26 de junio, las candidaturas respaldadas por esos mismos partidos obtuvieron el 21.1% de los votos. Es decir, no parece que su espacio electoral se haya ampliado sustancialmente.
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Si comparamos el porcentaje sobre electores evidentemente sí que ha crecido, puesto que en las elecciones europeas se registró una participación del 45.8% frente al 69.8% de las últimas elecciones, sin contar aún el voto exterior. Sin embargo, se aprecia no sólo un claro descenso respecto a las elecciones generales del 20D sino incluso en relación a las elecciones autonómicas de la primavera de 2015, incluyendo las elecciones andaluzas pero sin considerar las catalanas de septiembre, que distorsionarían la media a la baja. Es decir, Podemos y sus confluencias han obtenido un menor porcentaje de votos en las elecciones generales de 2016 que en las autonómicas de la primavera de 2015.
Es cierto que tras las elecciones europeas de 2014 Podemos supo capitalizar ese espacio electoral en todas las encuestas que se realizaron en los meses posteriores. Sin embargo, en las elecciones autonómicas de mayo de 2015 pudimos comprobar cómo Podemos no era capaz de aglutinar todo ese voto, sino que el espacio seguía fragmentado entre Podemos, una disminuida Izquierda Unida,  y Compromís, que obtuvo unos excelentes resultados en la Comunitat Valenciana.
Las elecciones autonómicas de mayo, sumadas a la andaluzas de marzo, arrojaron un equilibrio de fuerzas en las que Podemos conseguía un 14.1% de los votos, IU un 4.7% y las candidaturas de izquierdas de Compromís y MÉS un 3.2%. En total, un 22% de los votos y un 14.81% de los electores.
Si analizamos los resultados en las principales Comunidades Autónomas y en aquellas donde el voto de este espacio fue más importante en 2014 vemos pautas muy interesantes. Allí donde hay fuerzas políticas de izquierdas de carácter autonómico, o IU es muy fuerte -como en Asturias- el espacio electoral a la izquierda del PSOE llega prácticamente al 30%.
Este empuje se mantuvo en las elecciones generales de 2015, donde en la mayoría de comunidades autónomas se mantuvo o incluso se incrementó el porcentaje de voto de este espacio electoral en relación a las autonómicas de mayo.
Sin embargo, en las elecciones generales del 26 de junio este espacio reduce su porcentaje de voto a niveles inferiores a las europeas de 2014 en prácticamente todas las Comunidades. Sólo hay dos excepciones significativas, Catalunya y el País Vasco,  donde este espacio, que cosechó unos resultados discretos en las Europeas de 2014 (14-15%), se dispara hasta el 24.5% en Catalunya y el 29% en el País Vasco, situándose como las dos comunidades con un apoyo más alto, junto a la Comunitat Valenciana. En Galicia también obtienen mejores resultados que en 2014, aunque el crecimiento es mucho menor.
En cualquier caso, se acercan comicios autonómicos en Galicia y el País Vasco, en los que Podemos y sus aliados deberán demostrar si consiguen mantener unos apoyos superiores al 25% de los votantes después de ver cómo el PSOE les ha superado en Galicia y a la espera del comportamiento del electorado vasco, que ha apostado por Podemos en clave estatal pero puede diversificar sus apoyos en octubre en beneficio de la izquierda abertzale.
Tabla. Resultados electorales en % de Podemos, IU, ICV, Compromís, Equo, ANOVA y MÉS
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¿Qué conclusiones cabe extraer de estos datos?
Podemos ha sido muy hábil en capitalizar la voluntad de cambio expresada en las urnas en mayo de 2014 y mayo de 2015 a pesar de que los actores que consiguieron movilizar el voto fueron muy diversos. Pero cuando ha querido monopolizar todo el espacio electoral en una sola candidatura para maximizar los resultados en escaños, el espacio se ha reducido hasta niveles inferiores a los conseguidos en 2014 en términos de porcentaje de voto.
Pero hay otra lectura más interesante y que nos permitiría entender quizás por qué las encuestas no han acertado los resultados. La aceleración del tiempo en estos dos años nos ha dejado la impresión, probablemente errónea, de que todo seguía cambiando. Pero los datos nos muestran que la fotografía electoral que nos dejó las europeas de 2014 se ha movido muy poco. En 2014 se produjo un gran cambio que Podemos supo capitalizar, pero poco ha cambiado desde entonces. La “fuerzas del cambio” han aumentado sus votos en la misma medida que aumentaba la participación en los comicios autonómicos y generales, pero no más.
En 2014 las candidaturas a la izquierda del PSOE obtuvieron el 19.68% de los votos y en junio de 2016 se quedaron en el 21.1%. El PSOE obtuvo entonces el 23% de los sufragios, y en las últimas elecciones generales llegó al 22.7%.
Por el contrario, la suma de Ciudadanos y UPyD obtuvo el 9.66% de los votos en 2014 y ahora han superado ligeramente el 13%, mientras que el PP -que se quedó entonces en el 26% de los votos debido en parte a que VOX obtuvo el 1.7%- ha conseguido el 33% de los sufragios el 26J.
El mapa electoral español quizás no ha cambiado tanto como creíamos y se mantiene estable desde mayo de 2014, cuando se produjo el verdadero cambio en el sistema político español, que provocó -no lo olvidemos- la dimisión del secretario general del PSOE e hizo abdicar al jefe del Estado. Desde entonces vivimos en un nuevo equilibrio, complejo pero bastante estable.

Brexit: una oportunidad para la democracia europea

Artículo publicado en Agenda Pública el 2 de julio de 2016.

El Brexit es una metáfora de nuestro tiempo. Vivimos un tiempo de grandes transformaciones: lo viejo no termina de morir -y más en sociedades envejecidas como las nuestras- y lo nuevo no acaba de nacer. Se ha perdido la esperanza  y cunde la desesperación. Falta confianza y se extiende el miedo. Hay enormes cantidades de información pero mucha incredulidad. Nadie cree en los expertos antes de tomar una decisión pero todo el mundo recurre a ellos cuando ya no hay solución. 
El Reino Unido puede hundirse en un pozo del que nadie sabe cómo salir después de hacer caso omiso a los expertos, considerando que estaban al servicio de las élites y del gobierno. Y muchos expertos seguirán sin entender por qué la clase obrera inglesa votó por el Brexit y culparan de lo ocurrido a la irresponsabilidad de los políticos, desde David Cameron a Boris Johnson. Pocos fijarán la responsabilidad en los medios de comunicación, que han alentado la eurofobia durante más de 20 años, y en el propio pueblo inglés, que no ha querido escuchar las advertencias y que hoy es más pobre que ayer debido a la devaluación de la libra esterlina. A menudo las elites no saben escuchar al pueblo,  pero ¿qué ocurre cuando es el pueblo el que no escucha? ¿Qué ocurre cuando el pueblo no se cree lo que dicen los expertos y les acusan de exagerar para generar miedo? ¿Quién se responsabiliza entonces de la decisión? ¿Se responsabilizarán los medios de comunicación británicos? ¿Alguien hará un acto de contrición? El viernes 24 Nigel Farage admitió que el eslogan de los 350 millones de libras semanales que se iban a Bruselas para no volver fue un “error” de la campaña para no admitir que fue una gran mentira. Un último acto de cinismo.
El resultado del referéndum es un desastre para el Reino Unido y es un peligro cierto para toda Europa, pero puede crear una ventana de oportunidad para la Eurozona, aunque para ello será necesario avanzar en la democratización del sistema político europeo. El Brexit ahondará las diferencias entre los que estamos en la zona Euro y los que no. Entre los que queremos -y necesitamos- avanzar en la integración económica y política, y los que no quieren -y creen no necesitarlo.
El proyecto europeo, si quiere sobrevivir, deberá avanzar a pesar de que algunos de sus actuales miembros decidan quedarse fuera. Europa no puede hacerse responsable de las decisiones de cada uno de sus pueblos por separado ni de los errores de cada uno de los gobiernos nacionales. Hacerlo sería asumir que debemos luchar por la Unión como lo hizo el Presidente Abraham Lincoln ante el desafío de los Estados confederados en la guerra de secesión americana. Y no parece que nadie esté dispuesto a ello. La Europa de hoy es muy distinta a los Estados Unidos del siglo XIX. No habrá guerra de secesión, pero los federales deberán dar un paso al frente, dejando la puerta abierta al resto pero sin querer forzar la integración de quien no la quiere. Esta parece que será la nueva posición alemana, según se desprende de las declaraciones de sus dirigentes y de los editoriales de su prensa de referencia.
En este nuevo contexto, es  evidente que no sólo el Reino Unido no formará parte del nuevo proyecto sino que los países del Grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y probablemente Eslovaquia) no van a participar de una mayor integración, puesto que tienen gobiernos -y mayorías sociales- claramente euroescépticos. Tampoco lo harán los escandinavos, y es posible que a medio plazo el estatus de Suecia y Dinamarca se asemeje al estatus que mantiene Noruega en relación a la UE. Sólo los bálticos liderados por Finlandia seguirán dentro -principalmente por el miedo a su vecino ruso- y se convertirán en la frontera septentrional de una nueva Europa formada por los 4 grandes países de la Eurozona -Alemania, Francia, Italia y España- y sus vecinos -Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Portugal, Austria y Eslovenia.
Habrá tensiones, evidentemente, en este núcleo impulsor. El sentimiento euroescéptico es fuerte en Francia y Holanda y se está extendiendo en Alemania y Austria, así como en Italia. En España el euroescepticismo viene acompañado de proclamas europeístas, como  hace Pablo Iglesias, cuando plantea un “soberanismo europeísta” que devuelva “soberanía” a los Estados. Se necesitarán liderazgos fuertes que sepan convencer a los ciudadanos de que una mayor integración es la mejor opción. No la única, sino la mejor. Hay otras alternativas, como demuestra el Brexit, pero son peores. Quizás la UE, como la democracia, es el peor de los sistemas si exceptuamos el resto.
Para avanzar hacia esa nueva Europa debemos plantear abiertamente a los ciudadanos el trilema de la globalización que planteó el economista Dani Rodrik hace casi un decenio. Rodrik afirma que en un contexto de mercados abiertos y globalización económica es imposible mantener un sistema de gobierno democrático en el marco de un Estado-nación soberano. Por consiguiente, si se quiere mantener la integración en los mercados globales, hay que renunciar a la soberanía nacional. En caso contrario, se tendrá que renunciar a la integración en los mercados globales para mantener un sistema democrático a nivel nacional, con los enormes costes económicos que esto puede conllevar.
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Este trilema tiene una traslación directa en el ámbito europeo. En el marco de la integración de mercados de la Unión Europa, y aún más en la Unión Económica y Monetaria,  es imposible mantener sistemas democráticos en el ámbito nacional que sean realmente soberanos, como puso de manifiesto el referéndum griego de julio de 2015. La soberanía nacional ha dejado de existir en Europa. Ante esto se han rebelado los británicos, que han apostado por intentar preservar la soberanía nacional y la preeminencia democrática del Parlamento de Westminster. Ahora deberán asumir las consecuencias económicas de dicha decisión.
¿Cómo podemos resolver los europeos este trilema? Construyendo un nuevo sistema de soberanía compartida y una democracia europea de carácter posnacional. El Brexit, con su campaña profundamente xenófoba, nos muestra que la única alternativa a la democracia europea es el repliegue nacional y la tentación nacional-populista. Habrá muchas resistencias, tenemos por delante un camino difícil,  un camino desconocido, que nadie ha transitado, pero no tenemos una alternativa mejor. La democracia en Europa será europea o no será.

dilluns, de juny 20, 2016

El Brexit podría beneficiar a los países del sur de Europa

Artículo publicado en Agenda Pública el 20 de junio de 2016
Las últimas encuestas publicadas sobre el desenlace del referéndum previsto para el próximo 23 de junio, señalan que los británicos pueden estar a punto de decidir marcharse de la Unión Europea. Este desenlace, en caso de producirse, sería coherente con la evolución de la opinión pública británica en las últimas dos décadas. Según las encuestas del Eurobarómetro, desde los años 90 sólo un tercio de los británicos -con oscilaciones entre el 25% i el 40%- considera que la membresía europea de su país es algo positivo, un porcentaje que ha ido acompañado de la percepción mayoritaria de que la pertenencia a la Unión no beneficiaba al Reino Unido, que ha superado el 50% desde 2009.
El euroescepticismo británico ha sido animado por cierta eurofobia a menudo xenófoba de los populares tabloides y por el escepticismo general de la mayoría de la prensa, con contadas  excepciones. Una de las mayores consecuencias de este sentimiento anti-europeo ha sido el creciente voto al Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) que en las elecciones europeas de 2014 llegó a conseguir el 27% de los sufragios.
Sin embargo, hay algo más relevante que el apoyo electoral al UKIP. Debemos recordar que  el Partido Conservador ha mantenido posiciones claramente euroescépticas desde que perdió el gobierno en 1997 frente a los laboristas y que esta deriva les llevó a abandonar el Partido Popular Europeo y a crear en 2009 un nuevo grupo conservador y euroescéptico en el Parlamento Europeo. Incluso el Partido Laborista ha sufrido una deriva euroescéptica desde que perdió el gobierno en 2010, que le llevó a no apoyar al candidato socialista a la presidencia de la Comisión en las elecciones de 2014, Martin Schulz, por ser demasiado ‘federalista’. Así las cosas, el único partido pro-Europeo que ha quedado al otro lado del canal es el liberaldemócrata, que sufrió un descalabro notable en las últimas elecciones al Parlamento de Westminster. En este contexto, ¿a quién le puede sorprender que los británicos quieran marcharse de la UE?
Se ha hablado mucho durante los últimos meses de las consecuencias económicas negativas que podría tener la salida del Reino Unido de la UE, buscando el ‘apoyo utilitario’ a la Unión de los británicos, pero el problema radica en que la UE carece de ‘apoyo afectivo’ en el Reino Unido, y sin una base social de ‘apoyo afectivo’ a la UE es muy difícil ganar un referéndum. Situación bien distinta se vivió en el referéndum sobre la independencia de Escocia, cuando los partidarios de la unión con Inglaterra y Gales sí que pudieron apelar al ‘apoyo afectivo’ a la Gran Bretaña, al sentimiento británico, frente a los argumentos económicos de la campaña a favor de la independencia.
En el contexto actual, y ante la posibilidad de que se produzca la salida del Reino Unido, debemos empezar a plantear una pregunta incómoda ¿el Brexit puede ser una oportunidad para la UE?
Algunos destacados dirigentes liberal-demócratas, cómo el ex eurodiputado británico Andrew Duff o el líder de los liberales en el Parlamento Europeo, Guy Verhofstadt, ya lo plantean en estos términos. Una oportunidad para avanzar en la integración política de los países que forman parte de la zona Euro, cediendo más soberanía y creando nuevas instituciones para controlar democráticamente las decisiones sobre la política económica. 
Una de las propuestas más relevantes para avanzar en esta dirección, y que ya ha sido planteada también por el gobierno francés, es la constitución de un Parlamento de la zona euro formado por los eurodiputados de los países que tienen como moneda el Euro para controlar democráticamente las decisiones del Eurogrupo, y de los jefes de Estado y de gobierno de los países de la eurozona. Un Parlamento con amplias competencias, pero sin los representantes del Reino Unido, Polonia, Rumanía, Hungría, Bulgaria, República Checa, Suecia, Dinamarca, y Croacia.
¿Qué relación de fuerzas habría en este nuevo órgano? Tomando como referencia el Parlamento surgido de las elecciones de 2014, el parlamento de la Eurozona tendría 492 miembros en el que los euroescépticos y eurófobos contarían con sólo el 16% de los escaños frente al 21% actual, mientras que los verdes y el grupo de la izquierda unida europea pasarían del 13.5% al 16.7%. Los dos grupos principales, populares y socialistas, mantendrían un peso similar al actual (29 y 25% respectivamente), mientras que los liberal-demócratas, crecerían del 9 al 10% de los escaños.
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Y aún más importante: sería un Parlamento en el que aumentaría considerablemente el peso de la Europa latina, que comparte problemáticas y que podría articular un mayor contrapeso a los países del centro y el norte del continente. En el nuevo Parlamento de la zona Euro los países latinos y más favorables a una política económica expansiva contarían con  el 50% de la cámara  -llegando al 53% con Grecia- frente al 32% actual (35% contando también a los diputados helenos). Es decir, la salida del Reino Unido de la Unión puede ser una oportunidad para avanzar en la integración europea, hacerlo desde una perspectiva más progresista, y aumentar el peso de la Europa latina y de los países que más necesitan una nueva política económica, más expansiva. Esta es una de las principales razones por las que Alemania es el país que más teme al Brexit
Con esta perspectiva, no deberíamos tener miedo al Brexit. El Brexit supondrá una crisis para el sistema europeo, sin duda, pero toda crisis encierra un peligro y una oportunidad. Y el peligro de la división de la UE entre los países del Euro y el resto puede ser una gran oportunidad para los que estamos en la zona Euro. Habrá tensiones, e incluso la demanda de nuevos referéndums, pero si la UE es capaz de garantizar una salida ordenada del Reino Unido en el marco del Espacio Económico Europeo -del que forman parte países que no son miembros de la UE, como Noruega- la nave europea no sólo no naufragará sino que estará en condiciones de tomar un nuevo impulso y alcanzar la velocidad de crucero que necesitamos para salir definitivamente de esta crisis.

dissabte, de maig 14, 2016

¿Le interesa al PSOE una coalición para el Senado?

Artículo publicado en Agenda Pública el 12 de mayo de 2016
Tras dar a conocer la alianza de Podemos con Izquierda Unida para las elecciones a Cortes Generales del próximo 26 de junio, el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha ofrecido al Comité Federal del PSOE una alianza en las elecciones al Senado para vencer la lógica mayoritaria del sistema de elección en la cámara alta, y posibilitar así una mayoría de izquierdas en la cámara territorial, que evite un nueva mayoría del Partido Popular con menos del 30% de los votos.
Tomando como referencia los resultados del 20D, esta alianza podría llegar a conseguir 134 senadores y dejar al PP con sólo 58, provocando un vuelco en la cámara alta, donde el PP cuenta con 122 senadores, por sólo 47 del PSOE y 16 de Podemos y sus confluencias, sin considerar los senadores autonómicos elegidos por los parlamentos respectivos.
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Ante esta propuesta, el secretario general del PSOE ha respondido “No, gracias”, cerrando la puerta a los pactos que se estaban negociando para las listas al Senado en Aragón, Valencia y Baleares, al menos hasta el Comité Federal del próximo sábado. ¿Es electoralmente lógica esta reacción? ¿Qué impacto puede tener para el PSOE la alianza entre Podemos e IU en las elecciones a la cámara alta?
Con los datos de las últimas elecciones en la mano, podemos afirmar que el PSOE puede sufrir un fuerte varapalo en el Senado si Podemos e IU consiguen mantener sus respectivos resultados en las elecciones del 20D. Sólo resistiría en Andalucía y Extremadura, donde tiene una posición consolidada, y en las dos castillas, donde el PP obtiene la mayoría en todas las provincias pero el PSOE mantendrá el senador minoritario en casi todas ellas.
Pero incluso en estas comunidades, el PSOE puede perder representación. La nueva coalición hace peligrar sus senadores por Cádiz, Guadalajara y Burgos, o incluso sus senadores por León y Valladolid. En Burgos, la alianza entre Podemos e IU ya superó en votos a los socialistas el 20D y en Guadalajara se situó a menos de 1.000 votos.
En Asturias la coalición de izquierdas superará claramente al PSOE, y en Cantabria la suma de Podemos e IU se quedaría a sólo 5.000 votos de arrebatarle el senador al partido socialista, la misma situación que en La Rioja. En Madrid, Podemos ya superó al PSOE el 20D, también en el Senado.
En Zaragoza, la nueva coalición superará claramente al PSOE (173.000 a 139.000 votos) y en Huesca y Teruel pueden estar a 3.000 o 4.000 votos de superar a los socialistas. Una situación muy similar a la que se puede vivir en Baleares: en Mallorca, Podemos ya consiguió senador en diciembre, y la nueva coalición ahora podría incluso ganarle el senador por Menorca al PP.
En Canarias, la coalición Podemos-IU puede estar en condiciones de arrebatar al PP el senador por Fuerteventura, y al PSOE su senador por Tenerife, que sumarían a los ya conseguidos por Podemos en Lanzarote y Gran Canaria, dejando al PSOE sin representación por las islas.
En Navarra y el País Vasco el PSOE ya perdió toda su representación en el Senado en favor de Podemos y sus alianzas, pero en Guipúzcoa la nueva coalición incluso estaría en condiciones de disputar el primer puesto al PNV.
En Galicia ya se produjo el sorpasso de las mareas al PSOE en Coruña y Pontevedra, al igual que en Catalunya, donde el PSC se quedó sin un solo senador, por 4 que obtuvo En Comú Podem.
Donde el sorpasso parece seguro es en la Comunidad Valenciana, donde la coalición entre Podemos, Compromís e IU arrebataría al PSOE los senadores por Alicante y Castellón, a la vez que consolidarían el que ya obtuvieron por Valencia. En la vecina Murcia, la suma de Podemos e IU está a sólo unas décimas de superar a los socialistas.
Ante estas perspectivas, que podrían conllevar la pérdida de una docena de senadores, ¿qué sentido tiene negar una coalición con Podemos e IU en el Senado? Con una coalición de estas características, el PSOE mantendría todos sus senadores actuales, además de arrebatarle al PP la hegemonía en la mayoría de provincias de España, dando lugar a un Senado que responda a la pluralidad política y territorial de España. ¿No es este su objetivo?
El PSOE en diciembre ya perdió toda representación en el Senado por Catalunya, País Vasco , Navarra y Madrid. Ahora se podría quedar sin senadores por Asturias, Canarias, Baleares, Comunidad Valenciana y posiblemente Aragón. Es decir, en la cámara territorial de España el PSOE sólo representaría los intereses de Andalucía, Extremadura, las dos castillas y la Galicia rural. Un PSOE convertido en el representante (minoritario) de la España rural. ¿Es eso lo que quieren los dirigentes del partido socialista?

dimecres, de febrer 10, 2016

La meva experiència a Maristes-Sants

Jo també vaig anar als Maristes de Sants. Entre 1985 i 1993, tota l'EGB. Amb 13 anys vaig decidir no continuar el BUP a Maristes Les Corts. Vaig decidir marxar. De fet, podria dir que en vaig fugir.

Jo no vaig patir abusos sexuals ni en vaig veure. Però sí que vaig presenciar altres tipus d'abusos. Abusos d'autoritat, abusos psicològics, violència física i verbal. L'ambient a Maristes era molt agressiu. I no per part d'un o dos professors, sinó de molts. Per això vaig decidir marxar. La primera gran decisió de la meva vida. I una de les millors.

L'agressivitat de Maristes sempre l'he guardat en el record. A mi mai em van pegar i només vaig haver d'aguantar les bronques col·lectives. Jo era un bon nen, un bon estudiant i, per tant, no era objecte directe d'aquella violència. Però la vivia amb una profunda sensació d'injustícia. No ho suportava. No ho entenia.

Estem parlant, per exemple, de cops amb un pal de fusta a nens de 7, 8 o 9 anys. Era una violència tolerada, evidentment, per part de la direcció del col·legi. I potser també per part d'alguns pares que en podien tenir coneixement. Enmig estàvem els nens, que callàvem i no ho explicàvem a casa, uns nens que no enteníem res. O pitjor, que ens semblava "normal" el que passava perquè allò era la nostra "normalitat". Nens (perquè encara no hi havia nenes al meu curs) que vàrem créixer amb por, amb temor, amb pànic fins i tot. Pànic a que la fúria d'alguns professors caigués sobre nosaltres. Alguns nens, evidentment, reaccionaven també amb agressivitat. Recordo perfectament a un d'aquests nens i la "pallissa" que va rebre a segon d'EGB del professor B. Encara recordo el cognom d'aquell nen.

Violència al cicle inicial de la EGB! Violència al cicle mitjà, on només hi havia un oasi, el de la professora E., i violència al cicle superior, tot i que menys. No sé si perquè el col.legi va començar a canviar o perquè el professorat era diferent. La fúria d'alguns professors no només conduïa a càstigs físics, sinó que generava un ambient de terror: cops als armaris, objectes llancívols, fins i tot algún teclat d'ordinador trencat...

I això em porta a parlar d'A.F.. O d'AR-FA, com deia a l'intèrfon de l'aula d'informàtica que tenia en un soterrani del carrer Jocs Florals, on fins i tot hi havia un lavabo amb fil musical... Ahir els diaris explicaven que ha sigut denunciat per un exalumne per un episodi que va passar en unes colònies de setmana santa a Castell de l'Areny. Avui ja estem parlant d'una denúncia per violacions repetides, al llarg de molts anys, dins i fora de l'escola. I encara una altra, al llarg de tot un curs. Tot això en una època que coincideix amb els meus anys a Maristes.

Jo hi era a les colònies de Castell de l'Areny. Devia ser la setmana santa de 1989 o 1990. Recordo el càstig: a mitja nit uns nois són castigats a córrer sota la pluja. Als altres ens van tancar la llum per a que seguíssim dormint. Després van tornar i van anar directes cap a les dutxes. Jo no vaig veure res més. Només vaig sentir la veu d'A.F.

Vaig anar a moltes colònies amb ell i amb I.C., entre 1987 i 1993. M'encantava el seu Lada Niva de color vermell. Era un tipus intel·ligent i simpàtic. Reia, feia jocs de mans, tenia maneres de bon vivant, amb el seu puret i sense samarreta de bon matí. L'últim dia de colònies sempre venia el seu amic, que portava l'equip de so per a la festa, i passava la última nit a la casa. Treballava com a tècnic en una cadena de televisió.  A.F. desprenia un magnetisme especial. Però també podia ser un ogre quan s'enfadava. La seva fúria semblava infinita. No puc dir res més. Mai vaig veure res més. Però llegint les notícies d'aquests dies no puc parar-hi de pensar. Després de llegir el testimoni de les dues  víctimes de violacions, m'esborrona pensar en el laboratori de fotografia del col·legi i en l'aula d'informàtica del carrer Jocs Florals...

Jo, com tots, volia anar a 5ºA per fer Jesucristo Superstar. I vaig ser un dels "afortunats". Vaig fer d'apòstol però no vaig arribar a la categoría de Judes, ni molt menys de Jesucrist "Si he de morir/ dime si es por qué/ he de ser mejor/ de lo que fui..." cantava Camilo Sexto. I tots els altres responíem "todos los problemas se sumergen/ en el vino al tiempo de cenar/ de cenar...". Abans, Maria Magdalena havia rentat els peus del Crist "yo sé que nada va a pasar/ todo estará en paz...duerme bien/ duerme bien/ con el sueño podrás olvidar".

Aquell curs (1989-90) va ser el primer any en què dues nenes de la primera promoció mixta del col·legi participaven en el Jesucristo Superstar en el paper de Maria Magdalena. Dues nenes de tercer d'EGB.

M'hi ha fet pensar la notícia  que es publicava ahir sobre la denúncia que ha fet C. contra M.M., professor de tercer d'EGB, per abusos. Devia ser una de les primeres nenes que hi va haver al col·legi. M'he quedat sense paraules.

El problema dels Maristes de Sants, però, no era només A.F., o M.M. El problema era estructural.

El problema era l'agressivitat i la violència que es vivia i respirava al centre. Un ambient que segurament va fer més invisibles els casos d'abusos sexuals que ara es denuncien. Un ambient de por i silenci. D'un silenci eixordidor que probablement va generar impunitat i no va permetre escoltar els crits de les víctimes. Uns crits que avui, 25 o 30 anys més tard, ens fan emmudir.

Això és tot el que puc dir. Ni més, ni menys. Vaig passar 8 anys als Maristes de Sants. Va ser una mala experiència. Sempre havia pensat, però, que aquella mala experiència era fruit d'un determinat moment, amb professors que seguien aplicant als anys 80 uns mètodes que havien patit els nostres pares. Ara he pres consciència que era molt pitjor que això.

No conec els Maristes d'avui, però la reacció del col·legi davant l'escàndol, fins ara, és clarament insuficient i molt preocupant. En tot cas, el passat pesa molt. El passat sempre torna. El passat mai s'esborra.

dimecres, de desembre 30, 2015

Operación Felipe: nuevas elecciones para reforzar el bipartidismo

Felipe González quiere que se convoquen nuevas elecciones. Y por ello intentará evitar a toda costa cualquier negociación con Podemos e incluso una abstención in extremis del PSOE para facilitar la investidura de Rajoy. Sabe bien que un gobierno débil daría alas a los nuevos partidos.

Felipe González quiere una gran coalición PP-PSOE pero considera que ahora no se dan las condiciones necesarias para hacerla posible. ¿Por qué? Por la debilidad del bipartidismo. González considera que una gran coalición en las actuales condiciones sólo favorecería a Podemos, su enemigo público número 1, e incluso no permitiría al PSOE recuperar voto de centro por la competencia de Ciudadanos.

Sus maniobras actuales para forzar un congreso federal del PSOE que aúpe a Susana Díaz al liderazgo no deben sólo entenderse como una maniobra interna.

Felipe no da nunca puntada sin hilo, y el movimiento actual tiene mayor profundidad: pretende dar nueva vida al bipartidismo, renovando el liderazgo electoral del PSOE con Susana Díaz y forzando con ello que el PP releve a Rajoy y lo sustituya por Soraya Sáenz de Santamaría.

González está convencido que al bipartidismo aún le queda una carta por jugar: un duelo entre la vicepresidenta del gobierno y la presidenta andaluza en unas elecciones en mayo: que todo cambie para que todo siga igual.

Como en 1986, tras el referéndum de la OTAN, piensa que hay que rematar la faena: el bipartidismo ha sobrevivido al 20-D pero debe volver a ganar. En 1986 el socialismo sobrevivió al referéndum por la mínima, pero Felipe adelantó las elecciones para demostrar que el PSOE seguía gozando de un amplio apoyo, y volvió a ganar con mayoría absoluta.

Un cambio de cartel en el PP y el PSOE por dos mujeres con probado instinto político y capacidad de gobierno podría ser un obstáculo insalvable para la consolidación de los "emergentes", como él mismo los definió. Soraya Sáenz de Santamaría ya lo demostró en el debate a 4, donde empezó a desinflarse el soufflé naranja de Albert Rivera. Iglesias salió reforzado, pero con Susana Díaz hubiera sido distinto.

Ese es el plan de Felipe González. La "operación Felipe" no es sólo una "operación Susana", va más allá. Pretende reforzar al bipartidismo, reducir el partido de Rivera al nivel de las elecciones autonómicas (por debajo del 10% y menos de 25 escaños), y con ello situar al PSOE por encima de los 100 diputados y los 6 millones de votos. Podemos puede aguantar, pero no crecer, en este nuevo escenario -piensa Felipe. El enemigo de la nueva campaña electoral sería Podemos, pero el gran damnificado sería Ciudadanos.

Si tras las elecciones el bipartidismo vuelve a situarse en el 60% de los votos, el objetivo estaría cumplido. Y si además Susana Díaz consigue arañar votos al PP, mucho mejor.

En este nuevo escenario, un PSOE reforzado podría -ahora sí- pactar un gobierno de gran coalición con el PP de Soraya Sáenz de Santamaría. Un tiempo nuevo, pero sin los nuevos. Todo habría cambiado para que pudiera seguir -más o menos- igual.

dimarts, de desembre 01, 2015

Grècia i el trilema de Rodrik

Article publicat a la revista Món empresarial el novembre de 2015

L’economista nord-americà Dani Rodrik va elaborar una teoria l’any 2007 en què alertava sobre la impossibilitat de mantenir, alhora, la sobirania nacional i un sistema democràtic en un marc de mercats oberts i integrats, el que es coneix com el “trilema de Rodrik”.

Rodrik afirmava que en un context de globalització és impossible mantenir un sistema de govern democràtic –en què prevalen les preferències del ciutadans- en el marc d’un estat-nació sobirà. Per tant, si es vol mantenir la integració en els mercats globals, caldrà renunciar a la democràcia o a la sobirania nacional.  En cas contrari, caldrà renunciar a la integració en els mercats globals per permetre mantenir un sistema democràtic a nivell nacional.

Aquest trilema té una translació directa en l’àmbit europeu. En el marc de la integració de mercats de la Unió Econòmica i Monetària és impossible mantenir sistemes democràtics a nivell nacional que siguin realment sobirans. Avui, tots els Estats de la zona Euro han perdut la seva sobirania monetària, i bona part de la seva sobirania fiscal. Per tant, tampoc són Estats políticament sobirans. En conseqüència, les decisions dels seus ciutadans tampoc ho poden ser. Grècia és el cas que millor exemplifica aquesta nova realitat.

El problema polític grec ha sigut no acceptar que ja no és, de facto, un país sobirà. Com tampoc ho és Espanya, ni ho seria una Catalunya independent en el marc de la Unió Econòmica i Monetària. La principal lliçó que hem d’extreure del que ha passat a Grècia durant l’any 2015 és que sense sobirania monetària i fiscal –és a dir, sense moneda pròpia i sense una recaptació fiscal suficient per finançar la despesa pública- és impossible mantenir la sobirania política.

La sobirania política grega, avui, és una ficció perquè no és fiscalment sobirana. Si Grècia tingués una recaptació fiscal suficient per mantenir la seva despesa pública i no necessités endeutar-se més per tal de seguir pagant als seus funcionaris i pensionistes, podria suspendre el pagament del deute pendent. Però ara no pot, perquè el país col·lapsaria. Grècia avui no es pot autofinançar i, per tant, els ciutadans grecs no poden fer prevaler les seves preferències polítiques per sobre de les preferències del creditors que han de continuar finançant el país.

Com es pot resoldre aquest trilema? Construint un nou sistema democràtic a nivell europeu que respongui a les preferències dels ciutadans europeus expressades a les urnes. En el marc de la Unió Econòmica i Monetària –i aviat fiscal- la democràcia serà europea o no serà.


divendres, de juliol 24, 2015

El deute grec, i la democràcia europea, ad calendas graecas

Article publicat com a Nota d'opinió de la Fundació Catalunya Europa, el 20 de juliol de 2015

Suetoni va escriure a “Vida de 12 Cèsars” que l’emperador Octavi August utilitzava sovint l’expressió “ad calendas graecas” per a donar a entendre que algú no pagaria mai. Les “calendes” gregues no existien, perquè els grecs no utilitzaven aquesta fita temporal que regia el calendari romà. Així, el primer dia de mes, “la calenda”, no arribava mai. És a dir, el deutor no pagava.

La crisi del deute grec pot posar d’actualitat aquesta antiga locució llatina. El deutor grec no paga perquè no sembla que pugui pagar el seu deute. Va donant llargues i, des del centre de l’imperi europeu, li donen noves pròrrogues perquè el pugui pagar, li presten diners per fer front als venciments més urgents... però ningú vol assumir que el deute difícilment s’acabarà pagant.

Aquesta expressió llatina és ben coneguda a Itàlia, França i Espanya, però no té traducció en alemany. És potser també per això que el món germànic té serioses dificultats per gestionar el deute grec. De fet, com és ben sabut, en alemany s’utilitza la mateixa paraula “schuld” per a referir-se al “deute” i a la “culpa”. És a dir, un deutor és portador d’una culpa. Un significat que arrela en l’imaginari luterà, que no permet la “remissió dels pecats”,  ni contempla la “penitència” i “l’absolució”, tant presents en l’imaginari catòlic llatí.

Alemanya, i els veïns luterans finlandesos i bàltics, tenen problemes morals per gestionar la qüestió del deute, però el conjunt de la Unió Europea té greus problemes per gestionar la qüestió democràtica vinculada a la sobirania. La resolució de la crisi grega ha posat de manifest les dificultats per gestionar les contradiccions entre les preferències del ciutadans d’un determinat Estat-nació i les preferències del conjunt dels ciutadans de la Unió, entre la sobirania nacional i la sobirania compartida europea que gestionen mancomunadament en el Consell, els Estats-nació que s’han convertit en Estats-membres de la UE.

Els Estats ja no són sobirans perquè han cedit una part important de la seva sobirania a les institucions europees i –indirectament– a la resta d’Estats-membres. Ningú ens obligava a fer-ho, però ho hem fet signant els successius tractats europeus. Hem cedit la nostra sobirania monetària i fiscal i ja no es pot recuperar parcialment. Només tenim dues opcions: o bé sortim de la zona Euro per recuperar la sobirania, en un entorn globalitzat altament complex, o bé apostem per avançar en la construcció d’un demos europeu, dipositari d’una nova sobirania post-nacional.

Amb el referèndum del 5 de juliol, el govern grec encapçalat per Alexis Tsipras va intentar condicionar la negociació entre els Estats membres sotmetent a judici popular la proposta que les tres institucions –Comissió Europea, BCE i FMI– van fer al govern grec el passat 25 de juny per acordar un nou programa de rescat al sector públic grec i evitar la suspensió de pagaments del deute. Però no va calibrar que el referèndum no podia servir per pressionar en la negociació amb els altres Estats-membres sinó que només podia ser una eina per justificar la sortida de l’Euro i la recuperació de la sobirania monetària i fiscal, com a mínim des d’un punt de vista formal.

Més d’un 60% de l’electorat va votar NO a la proposta de les institucions, tal i com els havia demanat el primer ministre Tsipras, i en contra dels pronunciaments a favor del SÍ dels presidents de la Comissió Europea i del Parlament Europeu, així com de les forces polítiques gregues que van perdre les eleccions parlamentàries del passat mes de gener. El triomf del NO va ser una reivindicació de la sobirania grega enfront de la nova sobirania compartida europea, i no pas un triomf de la democràcia grega enfront de la tecnocràcia europea. Però el triomf del NO va servir de ben poca cosa, perquè la pregunta no era l’adequada. 

La única pregunta rellevant hagués sigut: ¿està d’acord en què el govern grec rebutgi la proposta de les institucions i surti de la zona Euro per a recuperar la seva sobirania monetària i fiscal?  Sense un mandat clar per assumir les conseqüències del trencament de les negociacions amb la UE, el govern grec no podia fer altra cosa que acceptar el compromís negociat entre els caps d’Estat i de govern d’una majoria dels Estats membres de la zona Euro.

No es pot dir que s’hagi produït un cop (com proclama la campanya This is a coup de l’esquerra europea a Twitter), sinó una “imposició” d’una majoria d’Estats democràtics sobre un altre Estat democràtic –Grècia– que necessita la seva ajuda financera. Imposició que ha sigut negociada entre el conjunt dels Estats membres fins que ha sigut acceptada per tots –de grat o per força. Però és així com funciona la regla de la majoria, també a Grècia, on el Parlament ha acabat decidint acceptar el compromís del seu govern, tot i que amb el vot en contra d’una part important del grup parlamentari del primer ministre.

La regla de la majoria a Europa ens diu que tot acord ha de ser aprovat per una majoria d’Estats membres, perquè tots ells responen a un mandat democràtic. Si bé el primer ministre Tsipras pot tenir la legitimitat democràtica dels 3.5 milions de grecs que van votar NO al referèndum, la cancellera Merkel té la legitimitat dels 18 milions d’alemanys que la van votar en les darreres eleccions –i de quasi 30 milions si hi sumem els 11 milions que van votar al seu soci de coalició, l’SPD–.

El que hem viscut en les darreres setmanes és un conflicte de legitimitats entre sobiranies nacionals: si el govern grec fa un referèndum i els ciutadans rebutgen una proposta comunitària, altres governs nacionals fan saber que probablement els seus parlaments nacionals no aprovin un tercer rescat ni una reestructuració del deute. Sobre el paper, és un conflicte de legitimitats insoluble. Si a la UE existeixen 28 fonts de sobirania, cap d’elles es pot imposar a les altres. Només un acord majoritari entre els seus governs –aprovat pels respectius parlaments o via referèndum- pot resoldre el conflicte. Aquesta és la realitat de l’actual crisi del deute.

Per tant, més enllà de si estem en desacord amb les polítiques d’austeritat que s’han aplicat a diversos països europeus i més enllà de si considerem injustes les condicions que les institucions imposen a Grècia a canvi d’un nou préstec mil milionari (s’han prestat més de 200.000 milions i el tercer rescat en preveu 85.000 més), es fa difícil explicar l’actual crisi grega en relació a la Unió Europea com una batalla entre democràcia i tecnocràcia.

El primer ministre holandès, Mark Rutte, ho va deixar ben clar en la reunió del Consell Europeu de dimarts 7 de juliol, amagant amb la possibilitat de sotmetre a referèndum al seu país el tercer rescat grec. Quan valorem que els ciutadans grecs van votar massivament en contra de les condicions de les institucions europees, no hem de perdre de vista que un referèndum similar a Holanda, a Finlàndia o a Alemanya donaria un resultat clarament contrari a seguir prestant més diners al govern grec.

Però la democràcia europea no es construirà enfrontant les democràcies nacionals entre elles ni amb les institucions europees. La democràcia europea només es pot construir si assumim que avui la única política democràtica que es pot exercir a Europa és la política democràtica a nivell europeu.

Les conseqüències del referèndum grec ens mostren, un cop més, que és il·lusori seguir pensant la democràcia en termes nacionals. Un país membre de la zona Euro no pot funcionar com una democràcia en el marc d’un Estat-nació. Les democràcies europees s’enfronten al “trilema de Rodrik” entre integració de mercats, democràcia i Estat-Nació. Avui no es pot mantenir un sistema democràtic en el marc d’un Estat-Nació en un context de mercats integrats. És a dir, no es pot mantenir un sistema democràtic en el marc d’un Estat-Nació i alhora estar integrat a l’Eurozona, havent cedit sobirania monetària i fiscal. Per mantenir un sistema democràtic cal triar entre renunciar a l’Estat-nació, és a dir a la sobirania nacional, o renunciar a la integració de mercats que suposa l’Eurozona.

Grècia, però, com la majoria d’Estats europeus, no vol haver de triar. Vol preservar la sobirania nacional i mantenir-se a la zona Euro. Però això, a mig termini, no és sostenible. Perquè les preferències dels ciutadans grecs –o d’altres països, com Espanya– xocaran contra les polítiques decidides per les institucions comunitàries. I la única manera de resoldre l’equació és que les polítiques decidides per les institucions comunitàries responguin a les preferències polítiques d’una majoria de ciutadans europeus, expressats a través de les eleccions al Parlament Europeu o de l’elecció directa per sufragi universal d’un president d’Europa, segons apostem per un sistema parlamentari  o presidencialista.

Però per fer aquest pas definitiu ens hem de fer dues preguntes: estem disposats a acceptar la regla de la majoria a nivell europeu? ; estem disposats a mantenir la comunitat política que és la Unió Europea “a qualsevol preu”?

Si responem positivament a les dues preguntes significarà que estem disposats a assumir com a legítim un govern europeu –de dretes o d’esquerres– sorgit de la voluntat comú dels ciutadans europeus, encara que aquesta no sigui la voluntat majoritària entre els ciutadans del meu país, i que considerem que la Unió política del continent és un “bé comú” a preservar per sobre dels interessos nacionals.

Ara bé, Europa encara no ha decidit si vol la unitat política “a qualsevol preu” i per això és incapaç de decidir mantenir Grècia dins Europa i de la zona Euro “a qualsevol preu”. De fet, la cancellera Angela Merkel, a l’entrar a la reunió de la cimera de la zona Euro de diumenge 12 de juliol va deixar clar que “no hi hauria acord a qualsevol preu”. Per què no?

Grècia avui és un problema econòmic per Europa, però és, sobretot i principalment, un problema polític de primer ordre. Un problema geoestratègic, fins i tot, com va recordar els primers dies de juliol el secretari de Defensa dels Estats Units, que va qualificar d’ “error geoestratègic” una possible sortida de Grècia de la zona euro, per les conseqüències que podria tenir a la regió. Els Balcans han sigut sempre un problema per a Europa. I qualsevol decisió en aquesta regió pot tenir greus conseqüències. Deixar caure Grècia i convertir-la en un “Estat fallit” no és només un “error geoestratègic” sinó un passaport segur a una nova desestabilització de la regió, incloent els països que ja són membres de la UE, com Bulgària i Romania.

Les grans decisions polítiques i geoestratègiques mai es valoren en termes econòmics. La reunificació alemanya va suposar un enorme cost econòmic per a l’antiga Alemanya occidental i un gran cost social per a l’antiga Alemanya oriental, però l’objectiu polític de la reunificació –inclosa la decisió de l’artificial paritat monetària entre el marc oriental i el marc occidental– no es va qüestionar. Alemanya va decidir absorbir i finançar els länder orientals perquè formaven part de la nació alemanya. Com la Itàlia del nord ha fet amb la Itàlia del sud des de la unificació del segle XIX. 

La pregunta que Europa s’ha de fer amb Grècia –i amb el conjunt de la regió balcànica– és si els volem dins “a qualsevol preu”, o no estem disposats a pagar el preu de mantenir dins el mateix sistema polític a una regió del continent que històricament ha sigut una regió econòmicament poc desenvolupada i políticament inestable.


Si no responem sincerament a aquesta pregunta la democràcia europea i el projecte polític de la UE –com el pagament del deute grec– seguirà esperant, ad calendas graecas.