dimecres, de desembre 30, 2015

Operación Felipe: nuevas elecciones para reforzar el bipartidismo

Felipe González quiere que se convoquen nuevas elecciones. Y por ello intentará evitar a toda costa cualquier negociación con Podemos e incluso una abstención in extremis del PSOE para facilitar la investidura de Rajoy. Sabe bien que un gobierno débil daría alas a los nuevos partidos.

Felipe González quiere una gran coalición PP-PSOE pero considera que ahora no se dan las condiciones necesarias para hacerla posible. ¿Por qué? Por la debilidad del bipartidismo. González considera que una gran coalición en las actuales condiciones sólo favorecería a Podemos, su enemigo público número 1, e incluso no permitiría al PSOE recuperar voto de centro por la competencia de Ciudadanos.

Sus maniobras actuales para forzar un congreso federal del PSOE que aúpe a Susana Díaz al liderazgo no deben sólo entenderse como una maniobra interna.

Felipe no da nunca puntada sin hilo, y el movimiento actual tiene mayor profundidad: pretende dar nueva vida al bipartidismo, renovando el liderazgo electoral del PSOE con Susana Díaz y forzando con ello que el PP releve a Rajoy y lo sustituya por Soraya Sáenz de Santamaría.

González está convencido que al bipartidismo aún le queda una carta por jugar: un duelo entre la vicepresidenta del gobierno y la presidenta andaluza en unas elecciones en mayo: que todo cambie para que todo siga igual.

Como en 1986, tras el referéndum de la OTAN, piensa que hay que rematar la faena: el bipartidismo ha sobrevivido al 20-D pero debe volver a ganar. En 1986 el socialismo sobrevivió al referéndum por la mínima, pero Felipe adelantó las elecciones para demostrar que el PSOE seguía gozando de un amplio apoyo, y volvió a ganar con mayoría absoluta.

Un cambio de cartel en el PP y el PSOE por dos mujeres con probado instinto político y capacidad de gobierno podría ser un obstáculo insalvable para la consolidación de los "emergentes", como él mismo los definió. Soraya Sáenz de Santamaría ya lo demostró en el debate a 4, donde empezó a desinflarse el soufflé naranja de Albert Rivera. Iglesias salió reforzado, pero con Susana Díaz hubiera sido distinto.

Ese es el plan de Felipe González. La "operación Felipe" no es sólo una "operación Susana", va más allá. Pretende reforzar al bipartidismo, reducir el partido de Rivera al nivel de las elecciones autonómicas (por debajo del 10% y menos de 25 escaños), y con ello situar al PSOE por encima de los 100 diputados y los 6 millones de votos. Podemos puede aguantar, pero no crecer, en este nuevo escenario -piensa Felipe. El enemigo de la nueva campaña electoral sería Podemos, pero el gran damnificado sería Ciudadanos.

Si tras las elecciones el bipartidismo vuelve a situarse en el 60% de los votos, el objetivo estaría cumplido. Y si además Susana Díaz consigue arañar votos al PP, mucho mejor.

En este nuevo escenario, un PSOE reforzado podría -ahora sí- pactar un gobierno de gran coalición con el PP de Soraya Sáenz de Santamaría. Un tiempo nuevo, pero sin los nuevos. Todo habría cambiado para que pudiera seguir -más o menos- igual.