dimarts, de maig 09, 2017

Macron, un presidente sin partido... como Giscard d'Estaing.

Artículo publicado en Agenda Pública el 8 de mayo de 2017

Ganó Macron con una mayoría amplia, incluso superior a la que vaticinaban las encuestas, aunque sin llegar al 60% del voto emitido. Y Le Pen fracasó porque no pudo convencer a los más de 7 millones de indecisos que no querían votar Macron. Más de 4 millones entre ellos votaron nulo o en blanco, un 12% de los ciudadanos que ejercieron su derecho a voto.  Si tenemos en cuenta el total del voto expresado -incluyendo blancos y nulos-  el resultado de Macron se reduce hasta el 58% de los votos, por un 30% para Marine Le Pen.
El extraordinario nivel de voto en blanco y nulo, inédito en la historia electoral francesa, es un claro triunfo para Jean-Luc Mélenchon. Es la expresión del descontento de la izquierda con una segunda vuelta en la que no se sentían representados. Y augura un gran resultado para los “insumisos” en las elecciones legislativas.
En voto absoluto, Le Pen obtiene 10,6  millones de votos, 3 más que en la primera vuelta. De estos, la mitad provienen de las filas de François Fillon, aproximadamente un millón habían votado por Mélenchon y otro millón por Dupond-Aignan y otros candidatos minoritarios.
Si comparamos los resultados con los de las últimas presidenciales, Macron ha recibido más de 20 millones de votos, 2 más de los que consiguió François Hollande en 2012 (18), y Le Pen ha recibido 6 millones de votos menos que los que obtuvo Sarkozy (16,8).
El objetivo de Le Pen era conseguir reunir el voto de la derecha y la extrema derecha, como hizo Sarkozy hace 5 años. En 2012, Sarkozy mantuvo en la segunda vuelta un discurso duro, más nacional que republicano, para conseguir los más de 6 millones de votos que Le Pen obtuvo en la primera vuelta. Se habló entonces de la “lepenización de los espíritus”. Esa derechización de Sarkozy llevó a Hollande a la victoria, una victoria más republicana que socialista, consiguiendo reunir bajo su candidatura a la inmensa mayoría de los 4 millones de franceses que habían votado por Mélenchon y los más de tres millones que habían votado por el candidato centrista François Bayrou, hoy importante apoyo de Macron.
La derecha nacional que Sarkozy reunió en la segunda vuelta de 2012 ha votado dividida en 2017. Más de un 60% han votado por Le Pen, pero un tercio de los 16,8 millones de  votantes de Sarkozy en 2012 han votado ahora por Macron.
Sin embargo, Macron es un líder sin partido. Y deberá construir una mayoría presidencial. ¿Será capaz de ello? La historia de la Va República nos puede dar algunas respuestas. Se puede trazar cierto paralelismo entre Macron y Giscard d’Estaign, que ganó las elecciones presidenciales de 1974 tras la súbita muerte de Georges Pompidou.
Giscard era el joven (48 años) ministro de Economía que se presentó marcando distancias con el gaullismo, frente a los herederos naturales del partido de De Gaulle, y ganó frenando el ascenso del recientemente creado Partido Socialista de François Mitterrand. En la primera vuelta, Giscard consiguió el 32% de los votos y venció al candidato gaullista, Chaban Delmas (15%), pero quedó muy lejos de Mitterrand (43%).  Fue la campaña en que Mitterrand le acusó en el debate televisado de no tener corazón -por no atender las necesidades sociales de los franceses- y Giscard le respondió  “usted no tiene el monopolio del corazón”. Giscard ganó con el 50,8% de los votos y Mitterrand tuvo que esperar a 1981.
Pero el nuevo presidente centrista tuvo que pactar con el gaullismo, que tenía mayoría en la Asamblea, y nombró a Jacques Chirac como primer ministro. El experimento no duró más de dos años y Giscard fundó su propio partido, la Unión por la Democracia Francesa, que ganó las elecciones legislativas de 1978 frente a los gaullistas y frente a los socialistas, que creyeron tener la victoria al alcance de la mano.
Macron no es el primer presidente centrista de la quinta república y probablemente tendrá los mismos problemas que su antecesor que, como él, fue criticado por tecnócrata pero, a su vez, fue capaz de liderar una campaña innovadora para su tiempo.
Giscard conectó con la clase media que quería abrirse a Europa y al mundo tras 15 años de patriotismo gaullista y consiguió frenar el ascenso del Partido Socialista, pero no consiguió renovar su mandato. Giscard también fue un gran europeísta. Relanzó el proyecto europeo con la puesta en marcha de cumbres semestrales entre los jefes de Estado y de gobierno, impulsó -junto al canciller Helmuth Schmidt- la elección directa del Parlamento Europeo a partir de 1979 y puso en marcha el Sistema Monetario Europeo. Pero los problemas económicos y sociales derivados de la crisis del petróleo hicieron imposible su segundo mandato.
Macron se enfrentará también a una situación económica y social difícil, sin mayoría parlamentaria y con una gran fragmentación política. Según los resultados de las elecciones legislativas, deberá pactar con la derecha y/o con los socialistas, y tendrá grandes dificultades para desarrollar su programa. Si intenta aplicar las reformas económicas que defiende, es probable que se encuentre con un otoño caliente, como el que tuvo que soportar el recién elegido presidente Jacques Chirac en 1995 con Alain Juppé como primer ministro. Su gobierno tampoco duró más de dos años. Convocó elecciones legislativas en 1997 y las ganó la izquierda, iniciando una nueva cohabitación.
Se abre un horizonte político incierto en Francia. Con un presidente audaz y valiente que se puede encontrar solo ante la complejidad de un país profundamente fracturado. Como apuntó Danton en el fragor de la Francia revolucionaria, se necesitan tres cosas para salvar a Francia: “l’audace, encore de l’audace, et toujours de l’audace

dimecres, de maig 03, 2017

¿Puede ganar Marine Le Pen?

Artículo publicado en Agenda Pública el 2 de mayo de 2017

El lunes 22 de abril de 2002, tras la clasificación de Jean-Marie Le Pen para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, los estudiantes parisinos salieron a la calle al grito de “À bas, à bas, le Front National, F comme fasciste, N comme Nazi“. Durante días se sucedieron las protestas, que se concentraron en la Plaza de la República, y las movilizaciones culminaron el Primero de Mayo, cuando los sindicatos franceses convirtieron la celebración anual en una manifestación anti-Le Pen. El resultado fue que en la segunda vuelta, celebrada el 5 de mayo, Le Pen apenas obtuvo 700.000 votos más que en la primera, y Jacques Chirac, el presidente que optaba a la reelección tras un fallido mandato en que tuvo que cohabitar con el primer ministro socialista Lionel Jospin, obtuvo más del  80% de los sufragios, 25,5 millones de votos, con una participación 8 puntos superior que en la primera vuelta. La Francia de izquierdas había votado masivamente por Chirac “tapándose la nariz”. El Frente Republicano para frenar al Frente Nacional funcionó a la perfección.
15 años más tarde la situación es bien distinta. Muy pocos estudiantes salieron a la calle el pasado lunes 24 de abril, y los que lo hicieron, salieron al grito de “ni Le Pen ni Macron”. Por su parte, los sindicatos franceses están profundamente divididos y no se han manifestado conjuntamente el Primero de Mayo. El único sindicato que ha llamado a votar por Emmanuel Macron para evitar la victoria de Le Pen es la CFDT, el sindicato más próximo a los socialistas. La CGT ha apelado a “no votar a Marine Le Pen” y promueve implícitamente el voto blanco o nulo, en la línea de Jean-Luc Mélenchon, y Force Ouvrière (FO) no ha dado ninguna consigna de voto. Es más, según una encuesta de Harris Interactive anterior a la primera vuelta, el 24% de los simpatizantes de FO expresaban su intención de votar a Le Pen en la primera vuelta. Caben pocas dudas de que el próximo domingo serán muchos más.
En la derecha tampoco hay unidad en relación al voto en la segunda vuelta. El poderoso movimiento Manif pour tous, creado para oponerse al matrimonio homosexual y que se convirtió en el único apoyo relevante del candidato François Fillon más allá de su partido, se ha posicionado claramente contra Macron. Los obispos franceses se han negado, en un polémico comunicado, a tomar partido para la segunda vuelta -una actitud muy distinta a la que tuvieron en 2002- y Christine Boutin, exministra de Nicolas Sarkozy y ex-presidenta del Partido Cristiano-Demócrata, ha anunciado en una entrevista a Le Figaro que votará Le Pen como voto útil “contra Macron”. Boutin ha clarificado su objetivo: “levantar la inquietud, el miedo y el oprobio que podría cernirse sobre los electores de derechas tentados por el voto a Le Pen”.
Finalmente, Nicolas Dupont-Aignan, que obtuvo casi un 5% de los votos en la primera vuelta, ha llamado a votar por Marine Le Pen, que le ha correspondido anunciando que si gana le nombrará primer ministro. Una maniobra destinada a captar el voto conservador gaullista.
Así las cosas, una semana después de la primera vuelta los apoyos a Marine Le Pen parecen más consistentes de lo que podrían parecer. No sólo las encuestas le otorgan una intención de voto ligeramente superior al 40%, es decir, casi el doble del apoyo obtenido en la primera, sino que los apoyos a Emmanuel Macron parecen haber tocado techo.
La gran incógnita de la segunda vuelta será la participación y el voto en blanco. En la primera votaron 37 millones de franceses -1 milón en blanco-, un 77% de los ciudadanos inscritos en el censo electoral. De estos, un 20% -más de 7 millones- decidieron su voto en los últimos días, como parece que volverá a suceder ahora. Según las últimas encuestas, hay un 20% de franceses que aún no han decidido qué van a votar, si es que finalmente ejercen su derecho al sufragio. Si el número de ciudadanos que finalmente deciden votar por Macron o Le Pen no supera los 30-31 millones, se abriría un escenario de incertidumbre.
Según la mayoría de sondeos, Macron puede contar con los más de 8,6 millones de votantes que le hicieron confianza en la primera vuelta, más dos tercios de los votantes de Benoît Hamon (1,6 millones), un  40% de los votantes de Fillon y un 45% de los que optaron por Mélenchon, unos 6 millones más. En total, 16 millones de votos que constituirían su base electoral.
Con todo, un tercio de los votantes de Fillon -2,4 millones de franceses- afirman tener la intención de votar por Marine Le Pen, e incluso un 20% de los votantes de Mélénchon (1,5 millones más), especialmente aquellos que se declaran “ni de izquierdas ni de derechas”. Si a ellos les añadimos la mayoría de los votantes de Dupond-Aignan -supongamos que 1,5 millones- podríamos considerar que Le Pen puede contar con una base 13 millones de votantes para la segunda vuelta.
Sin embargo, el porcentaje de electores que votaron por Fillon dispuestos a votar por Le Pen podría estar creciendo, a medida que los indecisos van decidiendo su voto. Si Le Pen consiguiera el apoyo de la mitad de los votantes de Fillon, además de los más que posibles 700.000 votantes de los dos candidatos conservadores minoritarios, podría llegar a los 15 millones de sufragios y se acercaría peligrosamente a la base electoral con la que cuenta Emmanuel Macron.
Por otro lado, la campaña de la segunda vuelta está evidenciando las dificultades de Macron para dirigirse al electorado de izquierdas. Si esta dinámica provocara que el número de votantes de Mélenchon que opten por el candidato centrista se reduzca del 45% que indican las encuestas a sólo un tercio, estaríamos en un virtual empate entre los dos candidatos que podría decidirse por un margen muy estrecho.
El principal reto de Macron no es solo afianzar su base electoral en el centro sino hacerla crecer por la izquierda. La estrategia excesivamente conservadora del candidato centrista podría pasarle factura. Se respira un exceso de confianza que podría dar lugar a sorpresas.
Por el contrario, Marine Le Pen ha pasado a la ofensiva con tres objetivos: conseguir el apoyo mayoritario del electorado conservador y católico, con referencias al gaullismo y a los valores tradicionales; hacerse con el sufragio de los votantes de Mélenchon menos ideologizados; y evitar que el electorado más izquierdista apoye al candidato centrista, con referencias constantes al “banquero Macron”. Tres estrategias que le pueden dar excelentes resultados.